Un fonón se arrastra por el diamante 100 000 veces más lento que la luz, lo suficiente para poder controlarlo. Un débil pulso láser transforma espines dispersos en un coro armonioso, provocando la superradiancia. Es como accionar un interruptor de una fase cuántica macroscópica. Quizás pronto los ordenadores cuánticos intercambien entrelazamiento no con luz, sino con sonido.
🎯 El diamante no solo es el material más duro, sino también un excelente conductor del sonido: la velocidad de las ondas acústicas en él alcanza los 12 km/s, decenas de veces más rápido que en el aire y casi el doble que en el acero.