Con la cámara infrarroja del telescopio James Webb, los astrónomos descubrieron 16 agujeros negros supermasivos en el universo primitivo que se escondían detrás de nubes de polvo. Como una linterna en la niebla, el calor emitido por el polvo caliente alrededor de los agujeros los delató. La mayoría habrían pasado desapercibidos con los métodos de búsqueda habituales. ¿Cuántas más de estas «invisibles» se ocultaban en los albores del tiempo?
Un nuevo estudio realizado con el telescopio espacial James Webb ha permitido asomarse al pasado lejano del Universo, cuando tenía menos de mil millones de años. Los astrónomos buscaban agujeros negros activos — una especie de «aspiradoras cósmicas» que absorben la materia circundante y brillan intensamente. El problema es que muchos de ellos están ocultos por densas nubes de polvo, como si intentaras ver una hoguera a través de un humo espeso. Pero el telescopio JWST está equipado con una cámara que detecta la radiación térmica, y fue precisamente ella la que ayudó a descubrir 16 de estos objetos ocultos en galaxias lejanas. Casi todos se «encendieron» menos de 700 millones de años después del Big Bang.
Para comprender la naturaleza de estos hallazgos, los científicos aplicaron la espectroscopía, un método que descompone la luz en colores, como una partitura descompone la música. En los espectros, buscaron las líneas características del hidrógeno, que ya en el siglo XIX describió Johann Balmer. El polvo caliente de carbono se delató por una radiación especial en longitudes de onda de 10 y 21 micrómetros. Al comparar los nuevos datos con los archivos del telescopio Hubble y determinar las distancias mediante la ley de Edwin Hubble, los astrónomos confirmaron: 12 de los 16 núcleos activos nunca habían sido vistos antes — eran completamente invisibles en el rango óptico.
Este descubrimiento implica que los primeros agujeros negros supermasivos crecieron de manera muy diferente a lo que pensábamos. Antes se creía que sus contrapartes visibles eran suficientes para explicar el panorama observado. Pero ahora resulta que al menos la mitad de los núcleos activos se escondían tras capullos de polvo, ganando masa a un ritmo acelerado. Este «crecimiento oculto» ayuda a entender cómo los agujeros negros lograron ser miles de millones de veces más pesados que el Sol ya en la infancia del Universo. Futuras observaciones quizás muestren que incluso en las galaxias modernas estos procesos son más frecuentes de lo que se cree.
🎯 El nombre del estudio MEOW corresponde a las siglas de MIRI Early Obscured-AGN Wide Survey, pero suena como «miau». Los científicos bromean diciendo que su trabajo se parece a una cacería nocturna: el gato también ve en la oscuridad lo que está oculto para las personas.