Antes se creía que el agujero negro supermasivo en el centro de una galaxia gira en la misma dirección que la propia galaxia, como el remolino en un lavabo. Pero las mediciones mediante análisis de luz polarizada (un método que convierte el reflejo del polvo en una flecha de rotación) mostraron lo contrario. De las 54 galaxias con núcleos activos, 27 agujeros negros giran en sentido horario y 27 en sentido antihorario. Entre aquellas donde se pudo comparar con la galaxia, 11 coincidieron y 13 no.
La imagen se asemeja a un tiovivo infantil con una peonza en el centro: todo el tiovivo gira, pero la peonza vive su propia vida: se puede lanzar en cualquier dirección. Así es el agujero negro: su eje está determinado por la última gran caída de gas o colisión con otro agujero, y no por la herencia multimillonaria de la galaxia madre.
Esto significa que el agujero acrecenta masa de manera caótica, en contra de los viejos modelos de alimentación ordenada desde el disco giratorio de la galaxia. Una conclusión sorprendente: muchos agujeros supermasivos probablemente no son "habitantes nativos" de sus galaxias, sino invasores capturados en fusiones. Por eso los estrechos chorros de radiación (radiojets) a menudo golpean en ángulo respecto al plano del disco galáctico: el agujero simplemente mira hacia otro lado. Ahora, para reproducir con mayor precisión el crecimiento de estructuras en el Universo, las simulaciones por computadora deben tener en cuenta este desorden cósmico.
El método de luz polarizada permite observar la rotación del gas en el borde del agujero negro, incluso mirándolo de frente: el polvo actúa como miles de millones de diminutos espejos que reflejan el movimiento.
En 'Interstellar', la rotación del agujero negro Gargantúa determina el paso del tiempo. Pero los agujeros reales podrían girar perpendicularmente a su galaxia, añadiendo aún más rareza.