El árbol genealógico se convierte en un enredo si consideramos hijos adoptivos y nuevos matrimonios. La evolución a menudo se parece a ese enredo: aunque el modelo estándar dibuja un árbol de especies ordenado, en realidad los genes viajan no solo por herencia, sino también directamente entre organismos no emparentados. Resulta una red enmarañada donde las líneas se entrecruzan.
Para medir cuánto se aleja una red de un árbol simple, los científicos idearon tomar una medida: cuántas conexiones sobrantes hay que cortar o ramas imaginarias añadir para desenredar el ovillo. Estudiaron tres métodos: uno exige cortar solo las conexiones «incorrectas», otro cualquier conexión, y el tercero añadir ancestros. Resultó que las medidas no siempre coinciden: la red puede parecer simple pero requerir más ajustes debido a nudos ingeniosos.
La transferencia horizontal de genes es como si de repente recibieras un gen de tu vecino y pudieras digerir mejor la leche. En la naturaleza ocurre constantemente, especialmente entre microbios.