Around a tenue estrella roja gira el rocoso planeta LHS 1140b. Un instrumento de altísima precisión que descompone la luz en colores capta las sombras de los gases en los momentos en que el planeta pasa frente a la estrella. Así fue como el equipo de David Charbonneau descubrió que el planeta está perdiendo helio. Es como una olla con tapa bien ajustada: la estrella calienta las capas superiores de la atmósfera y, de vez en cuando, el gas escapa hacia afuera. En 2024 la nube de helio era enorme, pero ya en 2025 la fuga cesó: la estrella se calmó y la tapa volvió a cerrarse de golpe. Apenas hay hidrógeno, parece que se escapó antes. En cambio, los componentes más pesados, como el agua, quedan atrapados abajo, como un caldo espeso bajo una capa de espuma. Lo más sorprendente: la atmósfera superior alcanza los 5000 °C, aunque en la superficie reina un frío de –50 °C. A pesar de estos contrastes, el hecho de que haya fugas periódicas da esperanza: incluso alrededor de estrellas tranquilas los mundos rocosos pueden conservar atmósferas... y, quizás, condiciones para la vida.
Las capas superiores de la atmósfera del planeta alcanzan los 5000 °C, mientras en la superficie reina un frío de –50 °C.