El cerebro saca sus propios desechos: por canales estrechos alrededor de las arterias fluye el líquido cefalorraquídeo líquido. Las paredes de los canales son suaves y se agitan con el pulso, y el tejido es poroso, como una esponja. Cada latido del pulso convierte las arterias en pequeñas bombas que impulsan el líquido a través de los poros.
Los científicos construyeron un modelo y redujeron toda la interacción entre las paredes flexibles y el flujo a una sola ecuación. Esto disminuyó enormemente la complejidad de los cálculos y proporcionó a los médicos una herramienta estándar para un análisis rápido. Incluso los movimientos débiles de las paredes impulsan el líquido eficazmente.
La principal sorpresa: cada arteria resultó ser una bomba autónoma, y juntas crean un flujo sin un motor central, como las contracciones ondulatorias del intestino. Comprender este mecanismo ayudará en el tratamiento de enfermedades en las que los desechos se atascan, como el Alzheimer.
Las mismas contracciones ondulatorias se usan en el intestino para mover la comida: es una bomba biológica universal.
En la película «Viaje alucinante» un submarino viaja por el cuerpo; en realidad, los investigadores tienen que modelar el flujo de líquido en las diminutas grietas alrededor de los vasos cerebrales.