Una marca de agua sutil sobre papel mojado, y un vidrio empañado frente a los ojos. Así se ve aproximadamente la tarea de leer estados cuánticos de la luz: los delicados patrones de fotones se distorsionan por las pérdidas, y los detectores capturan solo una pequeña parte de la señal. El enfoque habitual, la tomografía homodina, exige condiciones casi ideales, pero en el mundo real la luz se atenúa y los instrumentos son imperfectos.
Los autores del trabajo proponen un camino diferente. La luz se hace pasar por un amplificador paramétrico sensible a la fase, un dispositivo que funciona como un resonador musical. Responde solo a las notas de una fase determinada, haciéndolas más fuertes y el ruido más débil. La señal amplificada se mide con un medidor de potencia simple, como un luxómetro doméstico, pero para luz cuántica. Luego, un algoritmo matemático, similar a resolver un rompecabezas con piezas faltantes, reconstruye el patrón original. El método no teme a las pérdidas y funciona incluso con detectores de calidad mediocre.
Los investigadores probaron su enfoque en tres tipos de estados: fotones individuales, "gatos de Schrödinger" (pulsos de luz que existen en dos fases simultáneamente) y estados GKP, exóticos "peines" de picos que son particularmente resistentes a errores. En todos los casos, el algoritmo reconstruyó con precisión la forma del estado e incluso midió su grado de no clasicidad, el llamado rango estelar y la negatividad de la función de Wigner. Estas cantidades muestran cuán fuertemente el estado difiere de un rayo láser ordinario.
El valor práctico del método radica en que combina tres tareas en un solo esquema experimental: medición con pérdidas, reconstrucción del estado y verificación de su no clasicidad. No es necesario reconfigurar el montaje ni cambiar los detectores. Es como si un mismo instrumento pudiera escuchar música, identificar las notas y evaluar la habilidad del intérprete. Para las tecnologías ópticas cuánticas, este enfoque significa una verificación más rápida y económica de los estados complejos necesarios para la computación y las comunicaciones seguras. El agua sobre el papel se vuelve visible incluso si el vidrio está más empañado de lo habitual.
Un rayo láser ordinario puede describirse como una onda con pequeñas fluctuaciones aleatorias. Pero si se comprimen estas fluctuaciones al límite en una dirección, inevitablemente se amplifican en otra: así es el principio de incertidumbre cuántico. Es precisamente esta compresión la que se utiliza en los amplificadores paramétricos para ocultar el ruido donde no interfiere con la medición.
En la novela "Luces en la sombra" de Ted Chiang, el protagonista utiliza estados cuánticos de la luz para comunicarse con versiones paralelas de sí mismo. El método descrito aquí podría convertirse en una herramienta para verificar si "sombras" ajenas se han infiltrado en la señal.