Un agujero negro, tras ser golpeado, suena como una campana. Pero en lugar de sonido, emite ondas gravitacionales cuya frecuencia decae rápidamente: esto se llama modos cuasinormales. Por ese 'tañido' se puede conocer la masa del agujero, su rotación y otras propiedades.
Los autores del trabajo tomaron un agujero negro con correcciones cuánticas (una adición que se manifiesta a escalas muy pequeñas) y lo colocaron en un universo con constante cosmológica, esa misma que hace que el espacio se expanda o se contraiga. Con dos métodos numéricos calcularon cómo cambia el espectro del tañido. Resultó que el parámetro cuántico adicional desplaza notablemente las frecuencias, pero no hace inestable el sistema. Todas las perturbaciones se amortiguan, convirtiéndose en torres de oscilaciones cuasinormales.
Es interesante que el efecto de las correcciones cuánticas se manifiesta con más fuerza en agujeros negros pequeños. Para los grandes, comparables a los que nacen en fusiones, las desviaciones son pequeñas, pero aún así se pueden buscar. Es como escuchar una campana: si cambias ligeramente la forma del metal, el sonido será diferente, pero la campana no se agrieta. Así también aquí: las correcciones cuánticas cambian la 'voz' del agujero, pero no lo rompen.
Los modos cuasinormales de un agujero negro se calcularon por primera vez para un caso simple ya en la década de 1970, pero hasta hoy su observación directa sigue siendo un desafío para los observatorios de ondas gravitacionales.
En la película 'Interstellar', la visualización del agujero negro Gargantúa se basó en cálculos reales, pero los modos cuasinormales no suenan allí: solo se podrían 'escuchar' con detectores.