
La huella de eventos pasados en las propiedades de los agujeros negros, afectando sus oscilaciones y su contenido de información.El efecto memoria de los agujeros negros se refiere a la huella permanente que eventos violentos, como fusiones o caída de materia, dejan en la geometría y las oscilaciones de un agujero negro. Cuando un agujero negro es perturbado, suena como una campana, emitiendo ondas gravitacionales en un conjunto característico de frecuencias llamadas modos cuasinormales. El efecto memoria es un cambio duradero en la curvatura del espacio-tiempo, una especie de 'memoria gravitacional', que persiste después de que las oscilaciones se han desvanecido, codificando información sobre el evento que causó la perturbación.
El concepto de memoria gravitacional fue discutido por primera vez en la década de 1970 por Ya. B. Zel'dovich y A. G. Polnarev, y posteriormente formalizado en el contexto de las simetrías asintóticas por Bondi, van der Burg, Metzner y Sachs. La aplicación específica a las oscilaciones y evaporación de los agujeros negros es un tema de investigación activa en la década de 2020.
Cuando materia u ondas gravitacionales pasan cerca de un agujero negro, desplazan permanentemente el tejido del espacio-tiempo, alterando las posiciones relativas de partículas de prueba. Esto es análogo a un resorte que, después de ser estirado y soltado, vuelve a una longitud de reposo ligeramente diferente. En el contexto de los agujeros negros, el efecto memoria modifica la masa, el espín y la estructura asintótica del espacio-tiempo. Estudios recientes sugieren que esta memoria también puede afectar la tasa de evaporación del agujero negro, ya que la geometría alterada cambia el proceso de radiación cuántica.
El efecto memoria de los agujeros negros es un objetivo para observatorios de ondas gravitacionales como LIGO y LISA, ya que su detección confirmaría una predicción fundamental de la relatividad general y proporcionaría una nueva sonda de la gravedad en campos fuertes.
El efecto memoria es tan sutil que un solo evento de ondas gravitacionales de una fusión lejana desplazaría permanentemente la distancia entre la Tierra y la Luna en menos que el ancho de un átomo.








