Una piedra cae en aguas tranquilas y se extienden círculos por la superficie. Algo parecido le ocurre a un agujero negro cuando algo cae en él o cuando se fusiona con otro. El agujero comienza a oscilar y esas oscilaciones se escapan al espacio en forma de ondas gravitacionales. Los astrofísicos llaman a este proceso el «tañido» del agujero negro.
Los autores del nuevo trabajo han construido un modelo informático que, por primera vez, muestra la historia completa de ese tañido, desde la primera ráfaga hasta el apenas perceptible apagamiento mucho tiempo después. Antes solo se estudiaba el propio «sonido», las frecuencias de oscilación. Ahora se puede ver cómo cambia el volumen de la señal y con qué rapidez se desvanece. Para ello no usaron las ecuaciones habituales de Einstein, sino una versión ampliada: la teoría parametrizada «más allá de Teukolsky». Esta añade a los cálculos pequeñas correcciones que podrían apuntar a una nueva física.
La simulación se comparó con soluciones matemáticas exactas. Para casos sencillos, la concordancia fue excelente. Cuando las oscilaciones se volvían más complejas, aparecía una «mezcla» de otros tonos y resultaba más difícil aislar la señal pura. Precisamente señales mezcladas así son las que llegan de agujeros negros reales. Por tanto, el nuevo enfoque ayudará a descifrar con más precisión los datos de los detectores de ondas gravitacionales y a buscar en ellos huellas de leyes naturales desconocidas.
Un agujero negro no «tañe» con un solo tono puro, sino con varios a la vez, como una campana golpeada con un martillo. Cada tono se amortigua a su propia velocidad, y gracias a ellos se puede conocer la masa y la velocidad de rotación del agujero.
En la película «Interstellar», los protagonistas transmiten datos mediante ondas gravitacionales, algo parecido a como los científicos esperan algún día captar el «susurro» de las correcciones cuánticas a la teoría de Einstein.