El universo es un vasto y oscuro océano. Solo vemos la espuma brillante en su superficie: estrellas y galaxias. Pero en las profundidades se ocultan dos fuerzas invisibles: la materia oscura, que con su gravedad impide que las galaxias se dispersen, y la energía oscura, que, por el contrario, empuja el propio espacio, haciendo que el universo se expanda cada vez más rápido. Por lo general, se las considera independientes, pero ¿y si entre ellas existe un vínculo, un intercambio invisible, como corrientes profundas que transportan energía de una a otra?
Un nuevo modelo cosmológico propuesto por astrofísicos describe precisamente esa 'corriente'. Además, no es constante, sino que oscila: cambia de dirección como un gigantesco péndulo cósmico. La energía fluye de la materia oscura a la energía oscura y viceversa con un ritmo determinado. Ese ritmo nace de la propia física: las fluctuaciones cuánticas (diminutas ráfagas de energía), estiradas por la expansión del universo hasta escalas supergalácticas, pueden influir en el fondo general; esto se denomina reacción inversa de las inhomogeneidades super-Hubble.
Para poner a prueba la idea, los científicos la compararon con tres conjuntos de datos: el mapa de la radiación cósmica de fondo (CMB), los datos sobre oscilaciones acústicas de bariones (BAO, una especie de 'huellas' de ondas sonoras en el universo temprano) y las observaciones de supernovas de tipo Ia (estas 'velas estándar' permiten medir distancias). Resultó que la amplitud de las oscilaciones podría ser bastante notable: los datos no prohíben ese escenario. Sin embargo, el modelo oscilante no mostró una ventaja estadísticamente significativa sobre el estándar ΛCDM (lambda-C-D-M), donde la energía oscura es simplemente una constante cosmológica. En otras palabras, el viejo océano con dos masas de agua inmóviles sigue describiendo las observaciones igual de bien.
Pero el hecho de que el intercambio 'vivo' entre la materia oscura y la energía oscura no haya sido descartado ya es un resultado. Es como si por primera vez sospecháramos que las corrientes profundas existen y aprendiéramos a medir su posible fuerza. Ahora, con telescopios nuevos y más precisos, se podrá buscar no solo 'si hay corriente', sino su ritmo y dirección exactos, y entonces, quizás, el oscuro océano del universo se vuelva un poco más transparente.
Las oscilaciones en el intercambio de energía entre los componentes oscuros podrían estar relacionadas con las fluctuaciones cuánticas que, durante la inflación (la expansión ultrarrápida), se estiraron hasta tamaños mayores que el universo visible y ahora 'presionan' desde fuera.
En la novela 'El bosque oscuro' de Liu Cixin, la materia oscura y la energía oscura permanecen como un telón de fondo misterioso, pero la idea de interacciones invisibles que cambian el destino del universo encaja perfectamente con el espíritu de este trabajo.