Cuando dos agujeros negros se fusionan, el objeto recién nacido vibra como una campana. Ese tañido son ondas gravitacionales de un tipo especial que los astrónomos llaman modos cuasinormales (oscilaciones amortiguadas particulares). Se apagan rápido, pero alcanzan a contar la masa y el giro del agujero. La pregunta es dónde exactamente, en el espacio, comienza ese tañido.
Los autores del trabajo propusieron: el radio de excitación del modo es el punto donde cambia el carácter de la solución ondulatoria. Alrededor del agujero negro, el espacio está tan curvado que las ondas se comportan de manera distinta a diferentes distancias. Más cerca del agujero, se amortiguan en una dirección; más lejos, en otra. En la frontera entre ambas nace una onda estacionaria: ese mismo tañido. Para un agujero negro sin rotación, ese radio resultó ser 2,557 masas del agujero, no 3 masas como en el anillo de luz.
El equipo comprobó la idea numéricamente: descompusieron la señal en una suma de modos amortiguados y observaron desde qué radio convergía esa serie. Para agujeros con rotación moderada, el radio numérico coincidió con el analítico. Y para un agujero que gira al límite, el radio de excitación se deslizó casi hasta el propio horizonte: la frontera de la que nada regresa. Allí, los modos con amortiguamiento nulo juegan el papel principal y marcan el tono.
Esto significa que cada modo, cada timbre, tiene su propia región de nacimiento. Los armónicos más altos 'suenan' más cerca del agujero. Ahora, al escuchar las ondas gravitacionales, entendemos con más precisión de dónde viene el sonido.
El radio de excitación de un agujero negro no depende del ángulo con el que incide la onda si el armónico es muy alto: siempre está en el mismo lugar.
En la película 'Interstellar', los protagonistas ven el anillo de luz alrededor del agujero negro Gargantúa: ese mismo que, como ahora se sabe, no está directamente relacionado con su tañido.