El universo nos envía señales constantemente, pero muchas son demasiado débiles para percibirlas. Los neutrinos reliquia —partículas que quedaron del Big Bang— atraviesan la Tierra por miles de millones cada segundo, pero atrapar al menos uno es una hazaña al borde de lo posible. Se necesita un detector que sienta una energía mil veces menor que la requerida para mover una mota de polvo.
El nuevo dispositivo SuperEM funciona como un oído afinado al susurro. Primero, una placa superconductora absorbe la partícula y convierte su energía en un enjambre de cuasipartículas — como las ondas en el agua al caer una gota. Luego, estas cuasipartículas tunelan a través de una capa aislante ultrafina hacia el semiconductor, donde un fuerte campo eléctrico las acelera como una avalancha en la montaña. Cada partícula genera una cascada de electrones que el dispositivo registra en 35 nanosegundos — más rápido que un relámpago.
Si el dispositivo funciona, los astrofísicos verán por primera vez los neutrinos reliquia — es como encontrar una fotografía del universo cuando tenía un segundo de edad. Además, ayudará a buscar materia oscura ligera que quizás se esconde justo delante de nuestras narices.
Los neutrinos reliquia nos llegan desde que el universo tenía un segundo de vida — son miles de millones de veces más antiguos que la luz de las estrellas.
En la novela “Solaris” de Stanisław Lem, el océano reacciona a los neutrinos — un nuevo detector podría hacer realidad esa conexión.