Las células del epitelio se aferran unas a otras como la gente en una multitud. En una multitud normal, todos están apretados y el conjunto se comporta como un sólido. Pero si la gente empieza a abrirse paso, la multitud puede fluir. Las células tienen cuatro maneras de lograr ese empuje.
La primera: cada célula empuja al azar, sin prestar atención a sus vecinas. La segunda: las células se coordinan para moverse en una misma dirección, como un grupo de personas que camina hacia la salida. La tercera: las células se contraen y se expanden caóticamente, empujando a las vecinas. La cuarta: si una célula es estirada, se contrae en respuesta, y esa contracción se transmite como una onda.
El indicador más fiable es la coherencia del movimiento entre células vecinas. Si cada célula se mueve por su cuenta, la coherencia es baja. Si se arrastran unas a otras, es alta. Si se mueven en direcciones opuestas, la coherencia se vuelve negativa. Con este indicador se puede determinar sin error cuál de los cuatro mecanismos está operando en un tejido.
Antes, los científicos tenían que adivinar el mecanismo o recurrir a experimentos complejos. Ahora basta con grabar un video del tejido bajo el microscopio y calcular cómo se mueven las células. Es como entender por qué una multitud se ha puesto en movimiento: si por empujones aleatorios o por una orden colectiva.
La longitud de correlación de velocidades en la regulación mecanoquímica alcanza aproximadamente tres diámetros celulares — es como si tres células vecinas se movieran de manera coordinada antes de que sus movimientos divergieran.