Un escultor modela montañas con campos magnéticos y calor, pero la piedra se resiste. Una estrella de neutrones —el resto superdenso de una explosión de supernova—, en compañía de una estrella normal, atrae materia hacia sí. Esa materia cae sobre la estrella y calienta su corteza de manera desigual. Y el campo magnético tira de la corteza desde el interior. Juntos crean diminutas «montañas» en la superficie.
Antes, estas fuerzas se estudiaban por separado. Ahora, los científicos han construido un modelo en el que actúan juntas. Resulta que el campo magnético y el calentamiento pueden tirar en direcciones opuestas. Con un flujo débil de materia, domina el campo magnético; con uno fuerte, el calentamiento. La «montaña» máxima es como un bulto de menos de un milímetro de altura sobre una esfera de 12 kilómetros de radio.
Ahora sabemos cómo el campo magnético y el calor moldean el relieve en la superficie más dura del universo.
La deformación máxima que soporta la corteza de una estrella de neutrones corresponde a una 'montaña' de menos de un milímetro de altura en un objeto de 12 kilómetros de radio: es como un bulto en una bola de billar perfectamente pulida.