Un espejo que vuela a casi cuarenta mil kilómetros por segundo. La luz que incide sobre él rebota, pero ya no es la misma: como una pelota que es devuelta por una raqueta en movimiento. Ese espejo es lo que los científicos han construido dentro de una finísima hebra de vidrio rellena de hidrógeno.
Primero se dispara un pulso láser potente dentro de la hebra. Ese pulso hace que las moléculas de hidrógeno oscilen de forma coordinada, y por la hebra corre una onda de esas oscilaciones, como la ola que recorre las gradas de un estadio, pero miles de millones de veces más rápida. Esa onda es el espejo: se mueve a una velocidad de aproximadamente un octavo de la velocidad de la luz y tiene un periodo menor que la milésima parte del grosor de un cabello humano.
Cuando otro haz se dirige a la onda en movimiento con un ángulo especial, se produce la reflexión. La luz reflejada recibe un aumento de frecuencia de 125 mil billones de oscilaciones por segundo. Eso desplaza el color del haz: el rojo puede volverse azul, y el azul, ultravioleta invisible. Basta con variar ligeramente el ángulo de incidencia para que el color cambie de forma suave, como el sonido de un violín cuando se mueve el arco.
El efecto solo funciona en una dirección. Si se envía el haz desde el extremo opuesto, no hay reflexión, como una escalera mecánica que solo sube. Por eso, este espejo puede usarse como un interruptor ultrarrápido o como un convertidor de color de la luz, que opera en regiones del espectro a las que los láseres convencionales no llegan.
Ahora los científicos podrán observar cómo nacen y se desvanecen estas ondas en medios transparentes, y crear nuevos esquemas para controlar la luz. Y en el futuro, espejos viajeros como estos ayudarán a cambiar el color de partículas individuales de luz sin destruir sus frágiles estados cuánticos.
El desplazamiento de color aquí es el mismo efecto que hace que la sirena de una ambulancia suene más aguda cuando se acerca y más grave cuando se aleja. Solo que en lugar de sonido es luz, y en lugar de un vehículo, una onda de moléculas oscilantes.