Por un camino estrecho avanzan dos caravanas en direcciones opuestas. Una es ancha y lenta, lleva la carga de la densidad. La otra, una hilera de carretas ligeras con corriente, se desliza entre las primeras. Así, en la descarga del magnetrón coexisten dos estructuras que giran en sentidos contrarios: la aguja de densidad y los filamentos de corriente.
Durante mucho tiempo no se entendió cómo la aguja giratoria a gran escala y la turbulencia a pequeña escala generan juntas el transporte anómalo de electrones a través del campo magnético. Construyeron el primer modelo cinético tridimensional de la descarga magnetrónica, ese en el que cada electrón e ion se sigue por separado, como los caravanceros en el camino. El cálculo reprodujo la aguja medida: la densidad gira en la dirección −E×B con una frecuencia de 90 kHz, y los filamentos de corriente, en la dirección +E×B con una frecuencia de 1,0 MHz.
Ahora se ve cómo las dos caravanas se reparten el camino. En el volumen del plasma, la aguja (modos m=1–3) transporta el 96,7% del flujo transversal. En el borde de la vaina, la turbulencia (modos m=12–22) asume exactamente la mitad. En la línea intermedia, la aguja sigue adelante con un 63,7%. No es solo coexistencia, sino una redistribución de roles a medida que se acerca a la pared.
Las caravanas van al encuentro, pero no se estorban: intercambian energía casi sin calentamiento neto. Es precisamente ese intercambio el que mantiene la ionización en el frente de la aguja. Los resultados son aplicables para optimizar la pulverización magnetrónica y los propulsores de efecto Hall, donde el transporte anómalo determina la eficiencia. Dos flujos opuestos en el mismo camino resultaron no ser un obstáculo, sino el motor de la descarga.
La frecuencia de rotación de los filamentos de corriente, 1 MHz, es cien veces mayor que la frecuencia del brazo, 10 kHz, pero ambas estructuras coexisten en la misma descarga y se modulan mutuamente.