El haz de un microscopio electrónico normalmente viaja en el vacío, como un mensajero por una autopista vacía. Cualquier molécula de aire es para él un bache que lo hace saltar y perder la dirección. Por eso antes, para examinar una muestra, había que congelarla, secarla o recubrirla de metal, y aun así solo se podía observar en vacío. Pero la oxidación, la fusión del vidrio, la respiración de un catalizador y el movimiento de las patas de un ácaro ocurren en el aire, a presiones y temperaturas que son letales para un microscopio convencional.
Los ingenieros rediseñaron todo el recorrido del haz, no solo un componente. Antes la presión se reducía por etapas, pero cada etapa era voluminosa. Ahora un módulo frontal con canales de vórtice comprime la diferencia de presión en unos pocos milímetros: el haz se sumerge desde una presión casi atmosférica hasta el vacío profundo, como por una carretera de montaña con curvas cerradas. También reemplazaron el detector que capta los electrones reflejados: el electrodo de aguja producía chispas a alta presión, mientras que uno plano funciona sin problemas. El calentamiento de la muestra se confió a tres láseres a través de un prisma de zafiro, que calientan de forma puntual sin recalentar toda la cámara.
Los primeros experimentos demostraron que el sistema soporta ambos extremos a la vez. Una mezcla de vidrio BaSO₄–SiO₂ se calentó hasta 1400 °C a una presión de 6000 Pa, y se observó que a 1100 °C comienza a ablandarse y a 1400 °C fluye como un líquido continuo. Sin carga eléctrica, sin interferencias. Un ácaro vivo a 20 000 Pa movía sus patas mientras la cámara estaba húmeda; cuando se bombeó el agua hasta 100 Pa, se quedó inmóvil y empezó a desecarse. Todo se grabó en tiempo real.
Antes el investigador tenía que elegir: o una muestra caliente en vacío, o una húmeda a temperatura ambiente. Ahora la elección ha desaparecido. Se puede mantener un catalizador en un flujo de etileno y oxígeno a la temperatura de trabajo y, al mismo tiempo, observar cómo cambian sus partículas, mientras un espectrómetro de masas cercano capta señales de hidrógeno, agua y dióxido de carbono. Es como escuchar la respiración de una reacción química sin apartar la vista de su rostro.
El mensajero que solo circulaba por una autopista vacía ahora recorre una carretera normal, con polvo, lluvia y calor. Y por primera vez podemos ver lo que ocurre en esa carretera sin detener el movimiento.
Un ácaro vivo bajo el haz de electrones no es ciencia ficción, sino una demostración rutinaria: a 20 000 Pa movía sus patas hasta que la humedad bajó a 100 Pa. Y el gradiente de presión desde la cámara de muestra hasta el cañón de electrones es de 14 órdenes de magnitud, como desde el fondo de la fosa de las Marianas hasta el espacio exterior.