Un censo de formas corporales: así podría describirse lo que hicieron los astrónomos con 6348 galaxias masivas. En lugar de estatura y peso, midieron cuán concentrada está la luz hacia el centro, cuán achatada es la galaxia y cuán asimétrica es su forma. Luego realizaron las mismas mediciones en galaxias de tres simulaciones del universo y compararon los resultados.
Cada modelo se parece a un artista que retrata de memoria: acierta en los rasgos generales, pero confunde los detalles. Un modelo produce con demasiada frecuencia galaxias con un núcleo brillante y denso, otro infla los discos hasta tamaños irreales, y el tercero casi no crea galaxias muy planas, que en el cielo real son habituales.
Antes se pensaba que si un modelo calculaba correctamente el número total de galaxias, también lo haría con su forma. Ahora está claro que no es así. Para los futuros modelos, esto es un examen riguroso: deberán aprobar no solo el conteo, sino también la forma.
El índice de Sérsic de las galaxias suele estar entre 1 (disco exponencial puro) y 4 (perfil elíptico clásico de de Vaucouleurs), pero en las simulaciones se encuentran valores de hasta 8, algo que casi no se observa en la realidad.
En la novela 'El problema de los tres cuerpos' de Liu Cixin, la civilización trisolariana intenta predecir la estructura de su caótico sistema estelar, pero se enfrenta a limitaciones fundamentales del modelado. De manera similar, las simulaciones modernas de formación de galaxias se enfrentan a limitaciones para reproducir la diversidad estructural, a pesar de la impresionante potencia computacional.