Los violines de una orquesta tocan una misma nota, pero si cada uno empieza en un momento distinto, en lugar de música se obtiene ruido. Algo parecido ocurre con el axión, la partícula de la que quizá esté hecha la materia oscura. Atraviesa el instrumento y, en un campo magnético, se transforma en una débil onda de radio. Pero una onda así es tan silenciosa que ningún receptor podría oírla.
El instrumento DALI reúne ese susurro y lo convierte en una señal potente. En su interior hay placas paralelas de cerámica y, detrás de ellas, un espejo conductor. Cada placa genera su propia onda y, si las distancias están bien elegidas, todas las ondas se suman en una sola, como las voces de un coro. Ese es el primer amplificador. El segundo es el resonador: la onda va y viene entre las placas y el espejo, reflejándose muchas veces, y con cada reflexión se hace más intensa.
El hallazgo principal es que estos dos amplificadores no se estorban entre sí. El ajuste de las placas influye solo en cuánta energía entra en la onda en cada pasada, mientras que el número de reflexiones no cambia por ello. Por eso el instrumento puede comprobarse con una fuente de radio corriente: si funciona con una señal externa, también responderá con la misma precisión al axión. Es como si el director de orquesta supiera que la colocación de los atriles no afecta al tempo de la música, de modo que puede ajustarlos por separado.
El prototipo DALI utiliza placas cerámicas de óxido de circonio estabilizado con itrio de solo 1 mm de espesor, y el factor de calidad crece linealmente con el número de capas hasta 20, independientemente de si su número es par o impar.