El río fluye hacia abajo, pero parte del agua se desvía por un brazo lateral. En la evolución pasa lo mismo: la selección empuja a un gen beneficioso hacia su fijación, pero el azar puede arrastrarlo hacia su desaparición. Durante mucho tiempo, los científicos siguieron solo el cauce principal, es decir, cómo crece la frecuencia del gen. El brazo lateral, donde el gen se pierde, se consideraba irrelevante. El error era grande: al calcular la dispersión de la frecuencia llegaba al 100%.
El nuevo método sigue los dos cauces. Divide la historia del gen en dos rutas: fijación y pérdida. Para cada ruta se calcula su propia trayectoria y luego se suman teniendo en cuenta las probabilidades. Esto permite predecir con exactitud la frecuencia media del gen y su dispersión en cualquier momento. Por ejemplo, con una fuerza de selección R=50 y una frecuencia inicial de 0.001, el error de la media baja del 10.6% al 3.2%, y el de la dispersión, del 12.6% al 4.9%.
Ahora los investigadores pueden ver los dos cauces del río. El método ayuda a analizar los datos de experimentos de evolución de virus, bacterias y selección artificial. Estima con más precisión la fuerza de la selección y predice si un gen beneficioso se fijará en una población pequeña. El río de la evolución se ha vuelto más transparente.
Incluso con una selección intensa, cuando la fuerza determinista es grande, la varianza de la frecuencia alélica puede estar determinada casi por completo por las fluctuaciones aleatorias durante un tiempo prolongado. Por ejemplo, con R=50 y una frecuencia inicial y=0.001, la contribución determinista a la varianza es prácticamente nula hasta el tiempo τ≈5, mientras que la contribución de las fluctuaciones describe con exactitud la varianza real.