Un buscador de oro no lava cada puñado de arena a mano. Primero criba la roca con un tamiz grueso, descarta los guijarros vacíos y solo después lava con cuidado el concentrado que queda. Algo parecido se puede hacer para buscar defectos útiles en el carburo de silicio, un cristal duro que ya está presente en la electrónica de potencia y que en el futuro podría convertirse en la base de los ordenadores cuánticos.
Un defecto es una alteración puntual de la red cristalina: o bien un hueco donde falta un átomo, o bien un átomo ajeno que se ha colocado en el sitio de otro. A veces estos defectos impiden que el dispositivo funcione y otras veces, en cambio, se transforman en cúbits, celdas cuánticas de memoria capaces de almacenar y procesar información. El problema es que hay miles de variantes de defectos, y calcular cada una con precisión en un superordenador lleva horas o días. Hace falta un tamiz.
Los investigadores entrenaron tres tipos de modelos: una regresión lineal simple, una regresión con núcleo y una red neuronal. Resultó que incluso el modelo más sencillo se defiende bien si se describe correctamente el defecto. Lo que mejor funcionaba era la descripción mediante números atómicos, distancias, carga y espín, sin cálculos complejos de estructura electrónica. Para las vacantes y las sustituciónes el error fue de 0,437 eV, y para los intersticiales (átomos sobrantes metidos entre los nudos de la red), de 1,101 eV, peor, pero aún útil para una selección grosera.
Antes parecía que no se podía prescindir de un cálculo completo de la estructura del defecto: había que «relajar» el cristal, es decir, permitir que los átomos ocuparan nuevas posiciones alrededor del defecto, y eso es caro. Ahora ha quedado claro que incluso sin relajación se pueden obtener estimaciones razonables. Este enfoque baja el umbral de entrada: no hace falta un enorme clúster de cálculo, basta con un ordenador normal con el modelo ya entrenado.
El tamiz no sustituye al lavado, pero ahorra esfuerzo. El buscador de oro sigue revisando con cuidado lo que queda tras el cribado. Del mismo modo, los cálculos cuánticos exactos siguen teniendo la última palabra, pero ahora solo se dedican a los candidatos prometedores y no a miles de variantes al azar. Y quién sabe: puede que la próxima pepita cuántica ya haya pasado por un tamiz como este.
En el 4H-SiC existen más de 200 politipos, pero es precisamente el 4H el que se usa en la mayoría de los dispositivos comerciales. Los defectos puntuales en él pueden emitir fotones individuales, lo que los convierte en candidatos para la criptografía cuántica.