La aguja de un viejo instrumento de aviación a veces se atasca y no se mueve, aunque el avión ya haya ganado altitud. Una ligera vibración ayuda a que se despegue. Resulta que el temblor no estorba, sino que ayuda. El mismo truco funciona en una computadora, en el clima y en las hormigas.
Cuando se guarda una fotografía en formato digital, la computadora redondea el brillo de cada punto. Si hay pocos niveles, los detalles pequeños desaparecen. Pero si antes de redondear se añaden unas pequeñas fluctuaciones aleatorias, parte de los puntos saltan por encima del umbral y otra parte caen por debajo. En promedio, la imagen conserva los detalles, aunque se vuelva granulada. Esta técnica se llama difuminado (dithering).
El clima también tiene umbrales: épocas frías con glaciares y épocas cálidas como la actual. Para cambiar de una a otra se necesita un empujón. La órbita de la Tierra cambia lentamente, pero eso no basta. Las fluctuaciones aleatorias del tiempo a veces coinciden con los cambios orbitales y empujan al clima a cruzar el umbral. Por eso las edades de hielo se suceden aproximadamente cada cien mil años.
Las hormigas buscan comida siguiendo un rastro químico. Cuando la comida se acaba, las exploradoras encuentran una nueva y marcan el camino. Pero no todas las hormigas siguen las señales a la perfección: algunas se desvían. Los científicos construyeron un modelo en el que las hormigas sin errores se quedaban atascadas en el sendero antiguo, incluso cuando aparecía comida nueva. En cambio, las colonias con errores lograban cambiar. El error de una sola hormiga parece ruido, pero para toda la colonia es una forma de no quedarse atrapada para siempre.
Hoy en día se añade ruido a las cámaras digitales y a las grabaciones de audio para conservar los detalles. Los biólogos ven en los "errores" de los sistemas vivos no un defecto, sino un ajuste que la evolución ha seleccionado para lograr flexibilidad. Si se comprende qué nivel de ruido necesita cada sistema, se pueden crear sensores que capten las señales más débiles.
El nombre "dithering" proviene de las vibraciones mecánicas que se añadían a los instrumentos de aviación para que las agujas no se quedaran pegadas. Más tarde, el mismo principio se aplicó al sonido y las imágenes digitales.
En la novela de Stanisław Lem "Solaris", el océano del planeta genera estructuras complejas a partir de fluctuaciones aleatorias, lo que resuena con la idea de que el ruido puede ser una fuente de orden, no solo una molestia.