Cada invierno, el océano Pacífico frente a las costas de Perú se calienta, y cada verano se enfría. Este ritmo se parece a un reloj cuyos engranajes giran a velocidades distintas según la época del año. Los modelos antiguos no notaban esta diferencia: suponían que el reloj marcha igual durante todo el año. El nuevo trabajo añade un calendario al mecanismo del reloj para ver cómo cambia el ritmo de mes a mes.
Los científicos propusieron dos enfoques. El primero divide el año en tramos y mide en cada uno la velocidad de rotación de los engranajes, como si un relojero revisara el reloj cada hora, no una vez al día. El segundo deduce una fórmula que relaciona la velocidad de rotación en un momento dado con la rapidez con que se amortiguan las oscilaciones tras un golpe aleatorio.
La prueba con datos de El Niño mostró que el modelo capta el ritmo estacional: la dinámica cambia de forma suave, y la fuerza de los golpes aleatorios presenta dos picos, uno en primavera y otro en otoño. Esto explica por qué El Niño suele gestarse precisamente en esas estaciones. Ahora los científicos pueden elegir la herramienta según la tarea: para una descripción precisa del movimiento o para estimar las perturbaciones aleatorias. Antes no estaba claro cómo separar esas contribuciones en los datos estacionales; ahora el mecanismo del reloj climático se puede desmontar pieza por pieza.
El CS-LIM original presentaba un desfase sistemático que los autores eliminaron simplemente desplazando la coordenada temporal medio paso.