El vaivén del océano: cómo El Niño y la AMO gobiernan los huracanes ✛ ✎

Original: "El Nino Southern Oscillation and Atlantic Multidecadal Oscillation Impact on Hurricanes North Atlantic Basin"
· Suchit Basineni
arXiv:2410.05329 · 2024-10-05 · CC BY-NC-SA 4.0 · análisis propio · 4 min
Las fases cálidas de la Oscilación Multidecadal del Atlántico intensifican los huracanes, y La Niña aumenta la frecuencia de impactos en tierra.

El océano respira, y en ese respirar, como en un columpio, se mecen los huracanes. En los últimos setenta años, cientos de ciclones tropicales han cruzado el Atlántico Norte, y no todos se han comportado igual. Hubo décadas que trajeron a las costas una ráfaga de tormentas destructivas, y otras de calma. Los meteorólogos sospechaban desde hace tiempo que detrás de estos cambios hay dos ritmos lentos: El Niño en el Pacífico y la Oscilación Multidecadal del Atlántico, que calienta y enfría el agua entre América y Europa. Un nuevo estudio ha logrado, por primera vez, reunir ambos ritmos y ponerlos a prueba con una larga serie de observaciones.

La Oscilación Multidecadal del Atlántico, o AMO, funciona como un enorme termostato. En sus fases cálidas, que duran de veinte a treinta años, la superficie del océano se calienta y la atmósfera que tiene encima recibe más combustible para las tormentas. El autor del trabajo lo ha calculado: en esas décadas nacían, en promedio, 22,5 huracanes, frente a 17 en las frías. Además, la energía de los ciclones, medida con el índice ACE, se disparaba en 400 unidades. En los años 2000, cuando la AMO estaba en fase cálida, ese indicador casi duplicaba el nivel de los años 1970. El columpio oceánico se elevó, y los huracanes respondieron con más fuerza.

El Niño y La Niña son las fases cálida y fría de la oscilación del Pacífico. Alteran la dirección de los vientos en altura sobre el Atlántico y, según el caso, cercenan la cima de los huracanes en formación o les dejan girar con libertad.

Pero la fuerza de una tormenta es solo la mitad del problema. También importa hacia dónde se dirige. Aquí entra en juego el segundo péndulo. Cuando el Pacífico entra en La Niña y el Atlántico sigue cálido, los huracanes tocan tierra con más frecuencia. En esas temporadas, la velocidad máxima del viento alcanzó los 165 y 170 nudos, mientras que con El Niño el techo fue de 155 nudos. Esa diferencia de quince nudos es el paso de una tormenta fuerte a una catastrófica. Las costas de Estados Unidos, México y las islas del Caribe lo notan como la diferencia entre techos arrancados y casas derribadas.

La temperatura de la superficie del mar añade una tercera capa a este panorama. El agua del Atlántico Norte se está calentando más rápido de lo que predicen los modelos climáticos. Los valores reales de 2023 corresponden a las estimaciones de los modelos para 2040. Esto significa que el columpio se está meciendo con más fuerza de lo esperado, y el próximo ciclo cálido de la AMO podría traer huracanes como no hemos visto. Entre 2020 y 2023, cinco grandes huracanes de categoría 3 o superior golpearon Estados Unidos, mientras que en todo el decenio anterior fueron tres.

El índice ACE es una medida de la energía total de los huracanes en una temporada. Suma la fuerza del viento y la duracion de vida de cada tormenta, por lo que refleja mejor el potencial destructivo que el simple número de huracanes.

El estudio ha reunido por primera vez tres factores: las fases de la AMO, las fases de El Niño y la temperatura de la superficie del mar. Antes se estudiaban por separado, y no quedaba claro cómo se combinaban en un riesgo estacional concreto. Ahora se ve claro: las fases cálidas de la AMO aumentan el número de huracanes, La Niña eleva la probabilidad de que toquen tierra, y el aumento de la temperatura del océano intensifica la fuerza máxima de las tormentas. Estos resultados pueden servir para mejorar los pronósticos estacionales de actividad ciclónica y para evaluar los riesgos en las regiones costeras.

El columpio oceánico sigue su vaivén. El próximo ciclo cálido de la AMO llegará, aunque aún no se pueda predecir con exactitud cuándo empezará. Pero ahora los meteorólogos tienen un mapa donde se ven los dos péndulos y su acción conjunta. Cuando el Pacífico entre en La Niña y el Atlántico siga cálido, las costas deben prepararse para lo peor. La respiración del océano se hará más fuerte, y los huracanes responderán con el doble de intensidad.

Entre 2020 y 2023, cinco grandes huracanes de categoría 3 o superior golpearon Estados Unidos, mientras que en todo el decenio anterior fueron tres.

En la novela de Kim Stanley Robinson 'Cuarenta señales de lluvia', los climatólogos intentan predecir cambios bruscos en las corrientes oceánicas y su efecto en el clima; la trama recuerda a los intentos de relacionar las oscilaciones lentas del océano con la actividad de los huracanes.

Científicos
Ludwig BoltzmannHenri PoincaréJohn von NeumannJosiah Willard Gibbs
Conceptos
ENSO El Niño-Southern Oscillation Atlantic multidecadal oscillation El Niño index Multivariate ENSO Index TAO/TRITON moorings Jin-Timmermann model spring predictability barrier La Niña tropical cyclone ERSST NOAA CPC North Equatorial Countercurrent recharge oscillator model natural variability seasonal cycle equatorial wave propagation Westerly wind burst interannual variability Warm water volume