El telescopio James Webb ha vislumbrado en el universo temprano un reguero de objetos compactos apodados «pequeños puntos rojos». Son demasiado rojos y demasiado tenues para ser cuásares ordinarios, y los astrofísicos se devanan los sesos tratando de averiguar qué los alimenta. Stephen Adler propone una respuesta inesperada: no son agujeros negros, sino gravastares, objetos compactos sin horizonte de sucesos que nacen de una transición de fase de la materia.
La metáfora aquí es la de un pozo sin fondo, pero con paredes. Dentro del gravastar, la presión alcanza un valor crítico y la materia salta a un estado con densidad de energía negativa. El calor latente liberado es la fuente de luz. Pero la luz nace tan profundo en el pozo de potencial que escapa muy enrojecida: el corrimiento al rojo gravitacional estira su longitud de onda miles de millones de veces. No hay horizonte; g00 permanece positivo, pero exponencialmente pequeño, por lo que el objeto se ve como un cuerpo casi negro.
Antes no estaba claro qué alimentaba a los «pequeños puntos rojos», por qué su luminosidad casi no varía, ni cómo evitar el horizonte y la paradoja de la información en objetos compactos. Ahora se entiende que ambos enigmas pueden resolverse con un solo mecanismo: la transición de fase proporciona tanto el objeto sin horizonte como la fuente de energía y una explicación natural del enrojecimiento. El modelo se basa en soluciones exactas de las ecuaciones de Tolman–Oppenheimer–Volkoff con transición de fase, y se ha trazado la secuencia de estados de equilibrio durante la acreción lenta.
La perspectiva es fascinante. Si la hipótesis es correcta, los agujeros negros supermasivos en los centros de las galaxias podrían resultar ser gravastares sin horizonte, lo que resolvería la paradoja de la información y cambiaría los modelos de formación galáctica. El siguiente paso es buscar correlaciones entre los radios y las masas de los puntos rojos, e intentar distinguir el corrimiento al rojo gravitacional de la absorción mediante la forma del espectro o la polarización. Un pozo sin fondo, pero con paredes, podría ser la clave de los rincones más oscuros del universo.
En los gravastares más masivos calculados, g00 en el radio del salto cae a e^(−44.3) ≈ 5×10^−20; la luz que emerge de allí se estira miles de millones de veces, como si la fuente estuviera casi en el horizonte de sucesos de un agujero negro real.