Los exoplanetas con atmósfera de hidrógeno suelen perderla rápidamente. Pero si un planeta rocoso está cerca de su estrella y en una órbita excéntrica, el calentamiento por mareas provoca vulcanismo que repone constantemente el hidrógeno. Las simulaciones que incluyen el calor de mareas y la química del interior muestran que, para mantener esa atmósfera, se necesita una alta excentricidad, magma rico en agua y fundidos reducidos. Curiosamente, detectar una fina envoltura de hidrógeno es señal de actividad volcánica en curso. Los científicos han identificado una «zona de desgasificación»: regiones de parámetros prometedoras para buscar estos mundos con el JWST.
Muchos planetas de otras estrellas — exoplanetas — tienen órbitas alargadas. En cada acercamiento, la gravedad de la estrella los comprime y estira, como si amasara masa. La fricción calienta el interior hasta tal punto que la roca se funde, creando océanos subterráneos de magma.
En esta mezcla ardiente, el agua de los minerales se disocia y libera hidrógeno. El gas ligero tiende a escaparse, como el vapor de una olla, pero las incesantes erupciones volcánicas arrojan nuevas cantidades. El planeta se parece a una sopa hirviendo: la evaporación se compensa añadiendo caldo. Así se mantiene una fina envoltura de hidrógeno que, de otro modo, se perdería en el espacio.
El James Webb detecta esos mundos cuando pasan por delante de la estrella. El método de análisis de la luz transmitida revela la absorción en la neblina de hidrógeno, señal de un vulcanismo incesante. Si no hay envoltura, significa que en el interior hay poca agua o que el magma se ha enfriado. Lo más fascinante: a partir del grosor de esa capa, los astrónomos calculan la intensidad de las erupciones en un planeta que jamás verán por telescopio.
🎯 En Ío, una luna de Júpiter, el calentamiento por marea provoca cientos de volcanes activos: son las erupciones más potentes del Sistema Solar.