La búsqueda de artefactos extraterrestres en el sistema solar permaneció durante mucho tiempo al margen de la ciencia, pero los modernos sondeos automatizados del cielo abren nuevas perspectivas. Los autores consideran cuatro enfoques: desde el análisis de viejas placas fotográficas hasta el estudio de los espectros de objetos en órbita. El método clave es usar la sombra de la Tierra como un filtro natural: en la sombra el cielo es más oscuro y resulta más fácil notar objetos artificiales débiles. La verificación en imágenes de ZTF reveló fenómenos transitorios no catalogados cerca del centro de la sombra, posibles rastros de sondas alienígenas. La sombra de la Tierra se convierte en un nuevo campo de pruebas para la búsqueda de inteligencia extraterrestre.
En el siglo XVIII, Уильям Гершель ya buscaba vida en Marte. Hoy, los astrónomos apuntan no a planetas, sino a artefactos, por ejemplo, sondas alienígenas que se esconden en el sistema solar. El problema es que detectar un objeto diminuto cerca del deslumbrante Солнцем es casi imposible. Una nueva idea: convertir la sombra de la Tierra en un filtro natural.
La sombra funciona como un pozo profundo. Durante el día, desde el fondo del pozo se pueden ver estrellas porque las paredes bloquean la luz directa. De manera similar, el cono de sombra de la Tierra, que se extiende un millón y medio de kilómetros en el espacio, oculta el Sol y hace visibles los débiles destellos. Un equipo de científicos analizó imágenes del telescopio automático Цвикки (ZTF), que fotografía el cielo cada noche. Buscaron objetos que parpadean en el borde de la sombra durante solo un par de segundos.
En los datos se encontraron decenas de вспышек rápidos desconocidos, no catalogados previamente. Lo más probable es que sean basura espacial o asteroides, pero la técnica en sí ha demostrado su eficacia. Un barrido sistemático del «pozo» podría convertir la поиск внеземного разума de un sueño en una ciencia observacional.
🎯 La sombra de la Tierra se extiende a una distancia de aproximadamente 1,4 millones de kilómetros, es decir, casi cuatro veces la distancia a la Luna.