La Luna, como un diapasón gigante, resuena en respuesta a las ondas gravitacionales, las ondulaciones del espacio-tiempo. Una nueva simulación que tiene en cuenta el relieve y la estructura interna mostró que la mayor parte de la superficie amplifica estas ondas más del doble, muy por encima de las estimaciones anteriores. En los alrededores de la cuenca del Polo Sur-Aitken, donde la corteza lunar es más gruesa, la amplificación alcanza decenas de veces a una frecuencia de aproximadamente 0,015 Hz. Es como si un susurro débil se transformara de repente en una voz clara en puntos específicos de la Luna.
La Luna no es simplemente una bola de roca, sino una campana gigante. Al atravesarla, las ondas gravitacionales la hacen vibrar casi imperceptiblemente. Este temblor fue predicho por Einstein, y Weber fue el primero en intentar escucharlo con detectores terrestres.
Recientes modelos revelaron el secreto: el grosor variable de la corteza actúa como una lente acústica. En el cráter Polo Sur–Aitken, donde la corteza se engrosa hasta 80 km, la señal se vuelve decenas de veces más fuerte, a una frecuencia de una oscilación por minuto. Precisamente estas ondulaciones del espacio-tiempo delatan las fusiones de agujeros negros.
Ahora los científicos tienen un mapa preciso de los lugares más «oyentes» de la Luna. Instalando instrumentos allí, podremos discernir eventos cósmicos al otro extremo del Universo. Y lo asombroso: este cráter-amplificador es tan grande que su diámetro triplica la distancia de Moscú a Londres.
🎯 El cráter Polo Sur–Aitken es la cuenca de impacto más grande del Sistema Solar, con un diámetro de 2500 km. Sus bordes son más altos que el Himalaya, y la corteza aquí es más gruesa que en cualquier otro lugar de la Luna.