Con el telescopio 'James Webb', los científicos realizaron una observación de 60 horas del tránsito del exoplaneta Kepler-167e (similar a Júpiter) frente a su estrella, con la esperanza de encontrar una exoluna. Se detectaron fuertes tendencias instrumentales: un lento desplazamiento del brillo en cada imagen de 10 horas, como el empañamiento gradual de una lente. En 7 de 12 análisis, los datos sugerían una luna grande, pero la causa probable es que el planeta cruzó una mancha estelar en medio del tránsito, lo que confirman viejas observaciones del 'Kepler'. Paradójicamente, la precisión exquisita del 'Webb' hace que un solo tránsito sea demasiado 'flexible' para los modelos de lunas, por lo que solo una nueva observación en 2027 traerá la respuesta.
La caza de exolunas —la búsqueda de satélites alrededor de planetas de otras estrellas— recuerda a observar sombras en un teatro, donde el foco se apaga y se enciende. El planeta Kepler-167e, un gigante gaseoso junto a una estrella abrasadora, fue descubierto por William Borucki y su equipo. Ahora el «James Webb» vigilaba su tránsito frente a la estrella, con la esperanza de detectar una diminuta caída del brillo provocada por una luna.
Pero el telescopio se topó con un rival invisible: su propia «respiración». El sensible instrumento NIRSpec registró una deriva lenta, como si alguien girara suavemente un atenuador: las fluctuaciones térmicas de la cámara creaban la ilusión de una luz cambiante. Sobre ese fondo inestable, la señal de la luna se perdía, igual que la sombra de un mosquito bajo el parpadeo de un foco. De los 12 métodos de procesamiento, siete apuntaban a un satélite de una décima parte del tamaño del planeta. Pero en pleno tránsito apareció un doble: un evento que coincide exactamente con el paso del planeta sobre una mancha oscura de la estrella. Esa mancha, semejante a una gigantesca tormenta solar, pudo engañar a los detectores.
La respuesta llegará en octubre de 2027: solo entonces un nuevo tránsito revelará si fue una luna o un juego de luces.
🎯 La deriva del brillo no la causa la estrella, sino el propio telescopio: su cámara se calienta y enfría, titilando como un corazón vivo.
🎬 La búsqueda de lunas lejanas es ya una realidad, pero aún recuerda a escenas de «Star Wars»: en algún lugar, cerca de gigantes gaseosos, podrían esconderse sus propias Endor.