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Los telescopios MAGIC captaron un estallido de rayos gamma récord de un agujero negro que existió hace 7 mil millones de años.
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Hace siete mil millones de años, un agujero negro en el centro de una galaxia generó un estallido de rayos gamma, la radiación más energética, de una potencia increíble. Su luz, tras atravesar distancias cósmicas, llegó a los telescopios MAGIC en diciembre de 2017. En el camino, la expansión del Universo estiró sus ondas, haciéndolas más largas. Pero la mayor sorpresa estaba por venir: la radiación no provenía del propio agujero, sino del anillo de polvo que lo rodea.
El mecanismo es como el billar. Las partículas, aceleradas por el agujero casi a la velocidad de la luz, chocan contra las motas de polvo que actúan como blancos. Así nacen los fotones gamma, acumulaciones de energía pura.
Al estudiar el espectro (la descomposición de la luz por energías), los astrónomos confirmaron que el polvo es el blanco. Un solo fotón gamma de estos transporta la energía de una picadura de mosquito, pero comprimida en un volumen menor que un núcleo atómico. Estos estallidos son como ventanas al pasado: muestran cómo los agujeros negros actúan como aceleradores de partículas cuando el Universo tenía la mitad de su edad.
Un fotón gamma de este cuásar transporta una energía comparable al picotazo de un mosquito, pero concentrada en un volumen menor que el núcleo de un átomo. Si un fotón así impactara a una persona, arrancaría toda una cascada de partículas.