Los astrónomos encontraron un par de estrellas muertas que giran en 8,5 minutos, más rápido de lo que lees esta frase. Una estrella le roba materia a la otra, su órbita se encoge y nace una ondulación en el espacio-tiempo, como los círculos de una piedra en el agua. Un detector espacial pronto escuchará este repique. Imagina: una campana lejana que cuenta sobre la muerte de las estrellas.
Los astrónomos encontraron un par de estrellas cuyo baile se acelera cada año. Son enanas blancas, restos fríos de astros del tamaño de la Tierra. Un bailarín roba helio de su compañero, girándolo como una bufanda brillante. Su órbita se encoge, y al espacio se escapan ondas gravitacionales, una ondulación como las ondas en el agua.
Cada 8,6 minutos las estrellas producen mini eclipses, cubriéndose una a otra por turnos. Las mediciones precisas de brillo mostraron que cada año la órbita se acorta en una millonésima de segundo. En una década de observaciones, el análisis de la luz confirmó que el disco alrededor de la estrella es de helio. La energía que se fuga con las ondas supera el brillo de decenas de soles.
Dentro de millones de años, este dúo se fusionará en una sola estrella: una estrella de neutrones o incluso un agujero negro. El futuro detector LISA escuchará los acordes finales de su baile en solo cuatro años de observaciones, como predijo Kip Thorne.
🎯 Si un observador estuviera a cien kilómetros de este sistema, vería cómo cada 8,5 minutos cae la oscuridad: una estrella oculta brevemente a la otra.