Los dispositivos cuánticos suelen mantenerse en criostatos, grandes termos donde la temperatura es más baja que en el espacio exterior. Un ion de erbio atrapado en una diminuta trampa sobre un chip de silicio rompe esta tradición. Funciona directamente sobre la mesa, a temperatura ambiente, y recuerda el estado cuántico durante medio milisegundo. Para un ion individual, eso es muchísimo tiempo.
Los investigadores colocaron los iones con precisión de joyero: cada uno cayó en su propia celda, aislada de las vecinas. Este aislamiento impide que los iones "hablen" entre sí y pierdan información cuántica. Como resultado, el chip emite fotones individuales limpios, partículas de luz que pueden enviarse por fibra óptica convencional a lo largo de muchos kilómetros.
La gran sorpresa es el bombeo de energía. Para que el ion emita luz, se irradia con un láser, pero no del mismo color con el que responde. La luz entra azul y sale infrarroja, y el fondo del láser queda completamente suprimido. Este truco no había funcionado antes con iones individuales a temperatura ambiente.
Ahora, los repetidores cuánticos —dispositivos que extienden la señal cuántica— pueden construirse sin voluminosos refrigeradores. El chip con erbio se conecta a la electrónica y la fibra óptica convencionales. El internet cuántico está un paso más cerca de nuestros hogares.
El erbio es un metal de tierras raras que tiñe el vidrio de rosa y amplifica la señal en los cables de fibra óptica de todo el mundo.
En la serie "The Expanse", los comunicadores cuánticos funcionan sin refrigeración; parece que los ingenieros del futuro ya usan estos chips.