La luz y la materia en el mundo diminuto siguen leyes difíciles de calcular incluso con supercomputadoras. Los físicos construyen 'simuladores cuánticos' especiales: instalaciones donde átomos fríos hacen el papel de partículas y campos. Pero hasta ahora, estos simuladores solo podían representar el campo de la forma más simple: como si estuviera presente o ausente. La luz real, en cambio, posee un número infinito de matices.
El nuevo trabajo propone un simulador donde el campo puede adoptar tres estados diferentes. Los átomos se disponen en una red de rayos láser ligeramente inclinada, como una escalera con escalones irregulares. Gracias a esto, los átomos interactúan de manera que las combinaciones necesarias se conservan por sí solas, de forma similar a como el agua en vasos comunicantes siempre iguala su nivel. Este 'mecanismo de protección' evita que el sistema se desvíe del camino correcto.
Las pruebas con un modelo computacional mostraron que, incluso ante cambios bruscos en las condiciones, el sistema sigue con precisión las leyes de la electrodinámica. Esto abre el camino a simulaciones cuánticas más realistas, donde la luz y la materia interactúan en toda su plenitud.
Los átomos fríos en estas instalaciones se enfrían hasta millonésimas de grado por encima del cero absoluto; a esa temperatura casi se detienen y se vuelven dóciles.
La idea del simulador cuántico resuena con el 'calculador de realidad' del relato de Stanisław Lem, donde los procesos físicos sustituyen a los cálculos matemáticos.