En el modelo del universo rebotante, la compresión antes del Big Bang genera agujeros negros reliquia, ondas gravitacionales y posiblemente materia oscura. Las estructuras no lineales (objetos compactos y halos de materia oscura) que sobreviven al rebote, si su tamaño supera los 90 metros, tras la expansión se convierten en agujeros negros, a diferencia de los primordiales surgidos de fluctuaciones cuánticas. Este mecanismo unifica la explicación de la materia oscura, el fondo de ondas gravitacionales y los agujeros negros supermasivos tempranos.
El Universo puede comportarse como un resorte: comprimirse hasta tamaños microscópicos y luego expandirse de nuevo. En este ciclo de compresión y rebote nacen los agujeros negros y la materia oscura. Durante la compresión, como en una espiral que se retuerce, aparecen densificaciones — grumos de materia y ondas gravitacionales (ondulaciones del espacio-tiempo). Si el grumo tiene suficiente masa, no se desintegra en el rebote, y más tarde da lugar a galaxias.
Este mecanismo resuelve varios misterios cósmicos de una vez. La materia oscura resulta no ser partículas exóticas, sino un enjambre de agujeros negros invisibles que sobrevivieron a ciclos anteriores. Las potentes ondas gravitacionales que surgen durante la compresión crean un fondo que captan los detectores modernos. Y los agujeros negros supermasivos pudieron crecer incluso antes de que las galaxias se formaran a su alrededor, porque sus semillas aparecieron mucho antes del Big Bang, en el momento del rebote anterior.
🎯 Para que un grumo de materia sobreviva al rebote, su diámetro debe ser de al menos 90 metros, la longitud de un campo de fútbol.
🎬 Un cosmos cíclico, que se comprime y renace, se describe en la novela «Tau Cero» de Paul Anderson: los protagonistas observan la muerte y el nacimiento de un nuevo mundo.