La cocina donde se hornean estrellas funciona con una receta simple: cuanta más harina, más pasteles. Durante mucho tiempo, los astrónomos observaron una estricta relación entre la masa de una galaxia y la rapidez con la que en ella nacen estrellas, y la consideraron una regla independiente. Pero un nuevo estudio de 24 954 galaxias cercanas muestra que esta relación es solo la sombra de dos leyes más fundamentales.
La primera ley vincula la cantidad de gas molecular (la principal materia prima para las estrellas) con la masa de las estrellas ya existentes. La segunda relaciona la cantidad de gas con la tasa de formación estelar. Ambas relaciones resultaron ser más estrechas y fiables que la relación original entre masa estelar y velocidad de nacimiento. El análisis estadístico confirmó: cuando se tiene en cuenta el gas, la correlación directa entre masa estelar y formación de estrellas desaparece. El gas es el verdadero intermediario.
La conclusión práctica: para saber cuántas estrellas se encenderán mañana en una galaxia, no mires su masa, sino sus reservas de gas frío. Es como predecir la cosecha por la cantidad de semillas, no por el tamaño del granero. La secuencia principal de formación estelar resultó no ser una ley de la naturaleza, sino una consecuencia conveniente, como la cola en la panadería depende de la harina disponible, no del número de panes ya horneados.
En una muestra de casi 25 mil galaxias, la relación entre el gas y las estrellas resultó tan estrecha que su dispersión es menor que la de la famosa relación masa-tasa de formación estelar, que se ha estudiado durante décadas.
En la novela «El problema de los tres cuerpos», la civilización utiliza estrellas como combustible, pero incluso allí no se puede prescindir del gas: es la materia interestelar la que se convierte en materia prima para nuevas estrellas.