Una partícula deambula en un medio lleno de obstáculos. A veces los empuja hacia adelante, como una máquina quitanieves, y se pensaba que ese empuje era lo que finalmente detenía el movimiento. Pero en un espacio tridimensional, este mecanismo no funciona.
Resulta que la detención ocurre debido a eventos raros: de vez en cuando, la partícula termina accidentalmente en una trampa y todas las salidas se cierran, como si las puertas se cerraran de golpe. La probabilidad de que esto ocurra en cada paso casi no depende de cuántos pasos ya se hayan dado. Por eso, el número de partículas que aún no se han atascado disminuye exponencialmente, igual que se enfría el té.
Este descubrimiento permite predecir qué tan lejos llegará una partícula en un tiempo dado, con solo conocer dos números: la velocidad de su movimiento normal y la probabilidad de atascarse en un paso. Esta regla tan simple funciona en diferentes redes y dimensiones.
Esta forma de ver el movimiento en medios porosos ayuda a entender cómo se propagan los medicamentos en los tejidos, los contaminantes en el suelo o el calor en el aislamiento. Los eventos raros pero decisivos resultan más importantes que la fricción constante.
Incluso si los obstáculos ocupan solo una pequeña parte del volumen, las partículas igual se atascan: las trampas surgen al azar, pero de manera inevitable.
En la novela 'El Invencible' de Stanisław Lem, los microrrobots forman una nube que se mueve como un todo, pero algunas 'partículas' individuales pueden quedar atrapadas en rendijas, algo parecido a las trampas descritas aquí.