
Un dispositivo que utiliza campos magnéticos opuestos para confinar una partícula, permitiendo la superposición de direcciones temporales.Una trampa magnética es un dispositivo que utiliza campos magnéticos cuidadosamente dispuestos para confinar partículas —generalmente átomos neutros, moléculas o incluso pequeños objetos levitados— en una pequeña región del espacio. A diferencia de los contenedores sólidos, las trampas magnéticas retienen partículas sin contacto físico, aprovechando que muchas partículas poseen un momento magnético que interactúa con un campo magnético no homogéneo. La trampa funciona creando un mínimo local de la magnitud del campo magnético, donde la energía potencial de la partícula es más baja, encerrándola efectivamente en un 'cuenco' de fuerza magnética.
El concepto de trampa magnética para partículas neutras fue pionero en la década de 1980, con la primera trampa magnética exitosa para átomos demostrada por Alan Migdall y sus colegas en 1985, tras propuestas teóricas de David Pritchard y otros.
El principio clave es el efecto Zeeman: en un campo magnético, los niveles de energía de una partícula se desplazan según su orientación de espín. Para una partícula en un estado 'buscador de campo débil', su energía aumenta con la intensidad del campo, por lo que es empujada hacia regiones de campo más débil. Al disponer imanes (a menudo en configuración cuadrupolar o Ioffe-Pritchard) para crear un punto donde el campo es cero y aumenta en todas direcciones, las partículas son suavemente guiadas de vuelta a ese punto. Para partículas macroscópicas levitadas, la trampa también puede usar campos dinámicos o retroalimentación para estabilizar el movimiento, permitiendo que la partícula se mantenga en una superposición de estados espaciales.
Las trampas magnéticas son esenciales para enfriar átomos a temperaturas ultracías (condensados de Bose-Einstein), para computación cuántica con iones atrapados o átomos neutros, y para estudiar la superposición cuántica en nanopartículas levitadas.
Las trampas magnéticas pueden mantener partículas en un estado donde existen en dos posiciones diferentes a la vez, una superposición que se ha utilizado para poner a prueba los límites de la mecánica cuántica con objetos lo suficientemente grandes como para ser vistos bajo un microscopio.











