Los cúmulos globulares son densos archivos estelares donde está inscrita la juventud de la Galaxia. Pero leer esa crónica era difícil por cronómetros imprecisos: las estimaciones de edad divergían en mil millones de años. El telescopio JWST corrigió la situación, convirtiendo a las enanas marrones en un mecanismo de relojería: estrellas fallidas, carentes de fuente de energía termonuclear propia.
Las enanas marrones se enfrían y atenúan de manera uniforme, como las agujas de un reloj perfecto.
La simulación computacional da la edad de los cúmulos con un error menor a 200 millones de años: para objetos que han vivido entre 10 y 13 mil millones de años, es como determinar la hora con precisión de un segundo en un siglo.
La principal fuente de errores es la imperfección de los modelos de enfriamiento, la influencia de sistemas binarios y la composición química. No obstante, el método es valioso como examen independiente para otras formas de datación. Dato curioso: estas enanas antiguas son tan tenues que su luz es millones de veces más débil que la solar. Solo el ultrasensible JWST pudo distinguirlas en cúmulos lejanos.
La temperatura superficial de las enanas marrones viejas puede bajar a cientos de grados Celsius, como en un horno caliente, pero para una estrella es un frío glacial.