Una estrella de neutrones del tamaño de una ciudad gira treinta veces por segundo. Su campo magnético es billones de veces más intenso que el terrestre. Estas condiciones podrían generar alrededor de la estrella una nube de axiones: partículas ligeras que ningún detector ha capturado todavía, pero que explican muy bien la masa oculta del universo.
Los axiones interactúan con la luz: en un campo magnético fuerte, giran ligeramente el plano de oscilación de la onda electromagnética. Este efecto se llama birrefringencia. La luz del púlsar ya está polarizada de por sí, y la rotación de la estrella hace que la polarización cambie de manera estrictamente periódica. Si hay una nube de axiones cerca, añadiría su propio ritmo a este patrón: un desplazamiento diminuto pero predecible.
Los astrónomos tomaron datos de la polarización óptica del púlsar del Cangrejo con alta resolución temporal. Compararon el desplazamiento esperado por los axiones con la señal real. No hubo desplazamiento. Pero sí lograron establecer un nuevo límite superior a la fuerza de interacción entre axiones y fotones, uno de los más estrictos hasta la fecha.
Así, el púlsar que brilla como un faro se ha convertido también en un filtro: descarta toda una clase de modelos teóricos. Los axiones no han desaparecido, pero ahora tienen menos espacio para esconderse.
El púlsar del Cangrejo se encuentra a 6500 años luz, pero sus destellos se ven incluso con un telescopio de aficionado.