El rayo verde de una linterna se sumerge en una piscina y llega al fondo casi sin debilitarse. El agua es transparente precisamente a la luz verde, por eso se usa para comunicarse bajo el agua. Pero para enviar vídeo o datos de un sensor, hay que encender y apagar la luz muy rápido: miles de millones de veces por segundo. Los láseres convencionales son demasiado lentos e inestables para eso.
Los ingenieros tomaron una lámina finísima de cristal de tantalato de litio, un material que cambia sus propiedades bajo la acción de un campo eléctrico. Este cristal funciona como un grifo: abre o cierra el paso de la luz bajo demanda. A diferencia del niobato de litio, un material similar, el nuevo no se degrada con la luz intensa y mantiene la señal estable durante una hora entera. Con esta lámina se logró transmitir 112 mil millones de bits por segundo a una distancia de tres metros bajo el agua.
Este modulador ha permitido por primera vez prescindir del control directo del láser. Antes, el láser se "sacudía" directamente y empezaba a distorsionar la señal a altas velocidades. Ahora el láser brilla de forma constante, y las conmutaciones rápidas las hace un cristal aparte. Es como la diferencia entre gritar mientras corres y hablar con calma ante un micrófono: la voz se mantiene limpia y el volumen lo regula el amplificador.
La luz verde vuelve a emerger del agua, pero ahora no lleva solo un rayo, sino todo un flujo de datos. Una lámina de cristal del tamaño de una uña ha sustituido a voluminosos equipos y ha abierto el camino a robots submarinos compactos que podrán transmitir vídeo en tiempo real sin cables.
El agua de mar absorbe sobre todo la luz roja, por eso a más de 10 metros de profundidad todo se ve azul verdoso. Precisamente por eso se eligió para la comunicación submarina un láser verde con una longitud de onda de 532 nanómetros: es el que llega más lejos.
En la película 'Abyss' de James Cameron, los personajes se comunican con la estación submarina mediante un cable. La nueva tecnología permite transmitir vídeo sin cables, como si el mundo submarino tuviera su propio Wi-Fi en luz verde.