Las imágenes de galaxias lejanas están salpicadas de arcos curvos y manchas: es la luz distorsionada en su camino hacia nosotros. El efecto, predicho por Albert Einstein, funciona como un espejo curvo gigante: un cúmulo masivo de galaxias distorsiona las imágenes de las fuentes de fondo. A partir de estas curvaturas se puede calcular la masa de la parte invisible del cúmulo, que en un 85 % consiste en materia oscura, cuya presencia fue sospechada por primera vez por Fritz Zwicky. Antes, los astrónomos dedicaban horas a trazar mapas de masa manualmente. Pero los próximos sondeos del cielo producirán cientos de miles de cúmulos: es imposible hacerlo a mano. La solución surgió al entrenar una red neuronal con 15 000 cúmulos ficticios del conjunto DarkClusters-15k. La red, como un maestro de espejos curvos, aprendió a reconstruir la verdadera apariencia de las galaxias lejanas a partir de la luz distorsionada, siguiendo las leyes de la curvatura del espacio-tiempo. Un giro sorprendente: el programa, entrenado con datos sintéticos, se desempeñó con el cúmulo real MACS 1206 con mayor precisión que años de trabajo humano. Ahora, sin recurrir a ajustes manuales, se pueden pesar decenas de miles de cúmulos en minutos y por fin acercarnos al enigma de la materia oscura.
Hay aproximadamente cinco veces más materia oscura que materia ordinaria, la que forma estrellas, planetas y a nosotros mismos.
En la serie «Materia oscura», la misteriosa sustancia abre portales a otras dimensiones: así los creadores de ciencia ficción reinterpretan la materia oscura real, que, aunque invisible, gobierna el movimiento de las galaxias.