Una cámara normal graba el mundo como una serie de fotogramas: veinticuatro, sesenta o incluso cien imágenes por segundo. Para filmar una gota que cae, eso basta, pero dentro de una célula viva los eventos ocurren mil veces más rápido. Las proteínas transportan cargas, las membranas burbujean, los iones atraviesan canales, todo en fracciones de milisegundo. Para capturar esos instantes se necesita un sensor que no haga pausas entre fotogramas, sino que registre cada cambio de brillo en el momento en que ocurre. Estos sensores se llaman de eventos: no graban la imagen completa, sino que avisan "aquí se hizo más claro" o "aquí se oscureció" justo cuando sucede el evento.
Pero los sensores de eventos tienen un punto débil: apenas distinguen colores. Para un microscopio, eso es una desventaja seria, porque en biología el color de la luminiscencia es la firma de la molécula. Una proteína brilla en verde, otra en rojo, y por el tono se puede saber quién es quién. Los autores del nuevo trabajo combinaron un sensor de eventos con una cámara normal, frente a la cual colocaron una rejilla de difracción, una placa que descompone la luz en un arcoíris, como una gota de agua al sol. La cámara normal determina el color con lentitud pero precisión, y el sensor de eventos capta el movimiento con rapidez pero sin color. Una computadora fusiona ambos flujos de datos y obtiene una imagen donde cada destello tiene su tono.
El nuevo microscopio ya distingue moléculas cuyos picos de luminiscencia están separados por solo 23 nanómetros, cientos de veces más estrecho que el espectro visible. Antes, para lograr esto habría que cambiar los filtros de luz o escanear la muestra punto por punto, perdiendo tiempo. Ahora se puede seguir el movimiento de varios tipos de moléculas a la vez y ver sus colores sin interrumpir la observación. Esto abre el camino al estudio de procesos rápidos en células vivas: cómo entran los virus, cómo intercambian señales las neuronas, cómo un fármaco llega a su objetivo.
Una cámara que no duerme entre fotogramas, sino que ve cada cambio de luz, recuerda al tímpano: no siente golpes aislados, sino un flujo continuo de vibraciones. El nuevo microscopio es igual de sensible a la luz, pero además distingue sus colores, como el oído distingue la altura del sonido. La combinación de dos sentidos en un solo instrumento es el gran paso adelante.
Los sensores de eventos se crearon originalmente para robots y sistemas de seguimiento: no gastan energía grabando un fondo estático, sino que reaccionan solo a los cambios. Esto permite filmar movimiento rápido sin desenfoque.
En la serie "Altered Carbon", las cámaras del futuro registran recuerdos y emociones con mínimo detalle: el nuevo microscopio da el primer paso hacia la filmación de procesos vivos sin perder color ni movimiento.