La luz de una galaxia lejana ha viajado hasta nosotros durante 13,4 mil millones de años. El telescopio James Webb la capturó y la descompuso en colores. En el espectro se ve una línea brillante de hidrógeno, como una huella dactilar que dice: la galaxia GS-z13-1-LA está formando estrellas activamente.
Las estrellas jóvenes y calientes dentro de la galaxia funcionan como reflectores. Emiten rayos ultravioleta que arrancan electrones de los átomos de hidrógeno circundantes. Así, alrededor de la galaxia se forma una burbuja transparente: una región donde la niebla de hidrógeno neutro ya se ha disipado. Según los cálculos, la burbuja tiene un tamaño de unos 0,2 megapársecs (aproximadamente 650 mil años luz).
Junto a GS-z13-1-LA, los astrónomos han detectado otras 16 galaxias candidatas. Quizás juntas forman una burbuja aún mayor. Si es así, la galaxia necesita menos esfuerzo, pero aun así su "reflector" trabaja al límite de lo posible. Esta es una señal importante: ya 330 millones de años después del Big Bang, las primeras galaxias comenzaron a limpiar el universo de la niebla. Así terminaban las edades oscuras: la época en que el cosmos era opaco a la radiación ultravioleta.
El telescopio James Webb mira hacia el pasado como una máquina del tiempo. Cada objeto tan lejano es una ventana a la época en que se encendieron las primeras luces. GS-z13-1-LA es uno de los faros más tempranos que hemos podido vislumbrar.
La luz de la galaxia GS-z13-1-LA ha viajado hasta nosotros durante 13,4 mil millones de años, casi toda la edad del universo. Cuando esa luz emprendió su viaje, la Tierra aún no existía.
En la serie "Star Trek", las naves exploran nebulosas donde el gas está ionizado por la radiación de las estrellas. Un proceso similar, pero a escala de todo el universo primitivo, es lo que describe este trabajo.