Durante cincuenta años, la extraña luz de rayos X de la estrella γ Cassiopeiae fue un misterio. El telescopio XRISM notó que su frecuencia cambia con el tiempo, como el tono de la sirena de una ambulancia que pasa. Resultó que alrededor de la estrella orbita una enana blanca invisible, que atrae materia y la calienta hasta hacerla brillar. Este baile cósmico revela los secretos de la evolución de los sistemas binarios masivos.
Durante cincuenta años, los astrónomos no pudieron entender la naturaleza de la intensa emisión de rayos X de la estrella Gamma Cassiopeiae. Sospechaban de un compañero invisible, pero no había pruebas. El telescopio japonés XRISM, equipado con espectroscopia de alta resolución, captó diminutos desplazamientos en las líneas de emisión. Estas oscilaciones coincidieron exactamente con el movimiento no de la estrella principal, sino de su pequeña acompañante.
Resultó ser una enana blanca, un remanente estelar superdenso cuyo peso máximo fue calculado por Chandrasekhar. El gas de la estrella grande fluye hacia la enana y, como agua en un embudo, se arremolina formando un disco incandescente. Allí se calienta hasta millones de grados, emitiendo ese mismo resplandor de rayos X. El descubrimiento es como resolver un truco de magia: finalmente vemos adónde desaparece la materia.
Resultó que estas parejas no son raras: una de cada diez estrellas masivas con disco esconde una enana blanca. Esto ayuda a comprender cómo nacen las supernovas y las estrellas de neutrones. El cosmos está lleno de «embudos» invisibles que devoran a sus vecinos.
🎯 Una enana blanca es tan densa que un trozo del tamaño de un terrón de azúcar pesaría más que un camión.