Un electrón que vuela a través de un gas se parece a un nadador que intenta cruzar una piscina muy concurrida. Cada colisión con un átomo cambia su rumbo y su velocidad. En el argón denso, hay tantas colisiones que la descripción simple deja de funcionar.
Los físicos midieron la movilidad de los electrones, es decir, con qué facilidad se desplazan bajo la acción de un campo eléctrico. Variaron la densidad del gas, la temperatura y la intensidad del campo. Los resultados confirmaron su modelo anterior, que tiene en cuenta las dispersiones múltiples.
Es como si el nadador en la piscina no solo chocara con los vecinos más cercanos, sino también con las olas que generan todos los demás. Solo teniendo en cuenta todas estas interacciones se puede predecir con precisión cuánto tardará en llegar al borde.
El argón es un gas noble, pero sus átomos influyen fuertemente en el movimiento de los electrones libres debido a los efectos cuánticos de la dispersión.