Un microscopio óptico común se topa con un límite: no distingue dos puntos si están a menos de 200 nanómetros, aproximadamente el grosor de una burbuja de jabón dividido por cien. Para ver más allá, los científicos hacían que las moléculas de la muestra parpadearan o se desvanecieran, pero esos trucos son lentos y dañan las células vivas. El nuevo aparato, el Microscopio de Detección Estructurada, hace algo distinto.
No toca la muestra, sino que modifica la forma del punto de luz que capta la cámara. La luz de moléculas vecinas que se fundirían en una mancha borrosa se reparte en diferentes zonas del sensor. Es como si dos voces en una habitación ruidosa se grabaran no con un micrófono, sino con dos, colocados en esquinas opuestas: cada uno capta su parte. Así, el aparato distingue marcas en reglas de ADN separadas por 50 nanómetros y logra una nitidez de hasta 40 nanómetros, cinco veces mejor que el límite.
Este enfoque abre la puerta a observar células vivas sin fototoxicidad, el envenenamiento por luz que estropea la célula bajo el microscopio. Ahora los biólogos podrán seguir el trabajo de las proteínas y el ADN en tiempo real, sin miedo a matar la célula con un haz brillante.
El límite de resolución óptica que los autores superaron fue descrito en 1873 por Ernst Abbe. Se consideró insuperable durante casi un siglo y medio.
En la serie 'The Expanse', los sensores de superresolución permiten a las naves ver a través de asteroides. El nuevo microscopio es un paso hacia ver a través de las membranas celulares sin destruirlas.