Un corazoncito de plástico flota en el agua y no se voltea, por más que lo gires. Se queda inmóvil en cualquier posición, como si el agua lo sostuviera con hilos invisibles. Este truco es posible gracias a la curva de Zindler, una figura en la que todas las líneas que dividen el área por la mitad tienen la misma longitud.
Los científicos fabricaron este corazoncito con varias capas de material, logrando una densidad exactamente la mitad que la del agua. En estas condiciones, la fuerza de gravedad y la fuerza de flotación se equilibran en cualquier inclinación. Si se varía un poco la densidad, el cuerpo empieza a preferir ciertas orientaciones, como un barco que siempre gira la proa hacia la ola.
El experimento muestra cómo la geometría controla la flotabilidad. Incluso pequeñas inhomogeneidades en el material o efectos capilares en el borde del agua pueden alterar el equilibrio perfecto. Estos experimentos sencillos ayudan a poner a prueba teoremas matemáticos en la práctica y pueden ser útiles para diseñar estructuras flotantes.
La curva de Zindler lleva el nombre del matemático austriaco Konrad Zindler, quien la describió en 1921. El corazón es solo un caso particular; existen infinitas curvas de este tipo.