La aguja magnética de una brújula gira lentamente, pero en el interior de algunos materiales los diminutos momentos magnéticos pueden reorientarse en tiempos difíciles de imaginar. Un grupo de físicos ha calculado cómo hacer que cambien de dirección en una millonésima de milmillonésima de segundo. Es más rápido que un parpadeo.
Como ejemplo tomaron el material Mn3Sn, un metal donde los momentos magnéticos de los átomos no están alineados en paralelo, sino en ángulo, formando un intrincado patrón triangular. Si se hace pasar por este material un pulso corto de corriente de espín, se generan enormes campos magnéticos internos. Actúan como una palanca poderosa: giran el patrón casi instantáneamente. Antes, estos cambios tomaban nanosegundos, es decir, cien mil veces más.
Los científicos demostraron que el giro no solo se puede iniciar, sino también revertir: basta con inyectar una corriente de espín con la dirección de rotación opuesta. Es como girar la perilla de ajuste en sentido contrario. Esta propiedad convierte al material en candidato para la memoria del futuro: los bits de información se escribirían no en milmillonésimas, sino en billonésimas de segundo.
El patrón magnético en Mn3Sn recuerda a un engranaje con seis posiciones posibles. El pulso ultrarrápido lo hace pasar de un estado estable a otro. Si se aprende a controlar este proceso, surgirán dispositivos que procesen información a una velocidad cercana al límite impuesto por la propia naturaleza.
Un femtosegundo es tan corto que la luz en ese tiempo recorre una distancia cientos de veces menor que el grosor de un cabello humano.
En la novela 'Blindsight' de Peter Watts, los cambios magnéticos ultrarrápidos podrían ser la base para una comunicación instantánea entre mentes.