El espacio interestelar no está vacío: está lleno de gas enrarecido que en algunos lugares es cálido y en otros frío. Los límites entre estas regiones se asemejan a las paredes entre burbujas de jabón. Cuando una partícula de ultra alta energía —un rayo cósmico— choca contra esa pared, el campo magnético allí cambia bruscamente y la partícula rebota, como una pelota contra el borde.
Los científicos han seguido la trayectoria de millones de estas partículas en un modelo computacional de la galaxia. Resulta que las nubes frías y densas actúan como trampas: en su interior, las partículas apenas pueden moverse. En cambio, en el medio cálido y enrarecido se deslizan libremente a lo largo de las líneas magnéticas enredadas, como por caminos sinuosos. En promedio, esto acelera su viaje a través de la galaxia.
Este panorama ayuda a entender de dónde provienen las partículas con energías millones de veces mayores que las del Gran Colisionador de Hadrones. Quizás sus fuentes —estrellas explosivas o agujeros negros— estén más cerca de lo que se suponía.
Un rayo cósmico con una energía de 1 PeV transporta tanta energía como una pelota de tenis que vuela a 60 km/h, pero empaquetada en una sola partícula subatómica.
En la serie "Star Trek", los rayos cósmicos a veces inutilizan los sistemas de la nave; en la realidad, de hecho representan una amenaza para la electrónica y para los futuros vuelos interestelares.